Qué bonita que es la vida... Y más bonita puede ser... PDF Imprimir E-mail
Escrito por Diego


Cuando los padres con hijos muy jóvenes vemos que gente de nuestra edad fallece, nos asalta una preocupación: "Si yo me muero, ¿Qué será del futuro de mis hijos? ¿Qué hacer para que, si falto antes de lo esperado, mis hijos sigan estudiando, sean exitosos y tengan una vida feliz?"

La plata no hace la felicidad pero no hay felicidad sin plata, entonces algunos padres pensamos que un seguro de vida, sumado al poco o mucho patrimonio que logremos dejarle a nuestros hijos, puede ser la base que les facilite culminar sus estudios e iniciar una vida profesional tranquila; sin embargo uno ve frecuentemente cómo la gente que hereda y los ganadores de loterías pierden o despilfarran enormes capitales y finalmente quedan en “la inmunda”, entonces ¿Qué hacer?

Pensando en lo volátil que son las herencias concluí que el meollo de este asunto no está en el dinero que se les deje a los hijos por que lo cierto es que la plata ayuda pero, así les quede mucha, de nada sirve si los herederos no tienen claros algunos temas trascendentales que son la base de una vida exitosa…


Son pocos los adultos que pueden decir que no han cometido errores memorables que afectaron sus vidas, en cambio somos muchos los que podemos hacer un abultado inventario de traspiés y que, a cuenta de sufrir las duras consecuencias de nuestras “metidas de pata”, podríamos hacer una especie de manual de consejos tan largo cómo El Quijote; sin embargo lo importante se podría condensar en ciertas filosofías muy sencillas, esas que uno aprende a punta de totazos propios o ajenos y con las que finalmente logra ser más asertivo en sus decisiones.

Teniendo en cuenta que para morir solamente se necesita estar vivo y que no quisiera que mis hijos caigan en los mismos errores en que yo incurrí ni en muchos otros que esquivé pero que mis amigos o familiares cometieron, entonces quiero que mis hijos siempre tengan a mano algunas de esas filosofías aprendidas a lo largo de mi vida pero, más que consejos, prefiero que estos temas sean vistos a manera de reflexión y que cada cual llegue a sus propias conclusiones.


Éxito y felicidad

Son temas que suelen asociarse con lo material pero basta con le demos una hojeada a la biografía de famosos y millonarios para darnos cuenta que, a pesar de su éxito y riquezas, muchos de ellos tienen o tuvieron existencias infelices, o sea que no podemos confundir el éxito profesional o monetario con una vida integralmente exitosa puesto que somos como una larga obra literaria compuesta por varios capítulos donde lo económico es solo una parte de la gran historia.

Para mí el éxito es un asunto estrictamente personal porque está en el mayor grado de metas alcanzadas en las diferentes facetas que componen la vida de cada individuo y la felicidad  está en el nivel de tranquilidad con que se logre vivir. O sea que, de acuerdo a mi percepción,  el éxito y la felicidad no están en lo que se tenga sino en lo bien que nos sintamos con nuestra existencia y frente a nosotros mismos, asunto que tiene mucho que ver con el tema de la autoestima.


Actitud

Siendo jóvenes todos soñamos con convertirnos en personas laboralmente exitosas y tener la suficiente capacidad económica que nos permita vivir cómodamente y adquirir bienes materiales, pero ¿Cuántos jóvenes tienen visión futurista y comienzan tempranamente a hacer algo en pos de sus sueños?

Casi todo el mundo, tanto los jóvenes como muchos adultos, tendemos a creer que el futuro es algo lejano y sentimos que nos sobra el tiempo, entonces posponemos el hacer dejando mucho en el soñar; pero el tiempo corre y más temprano que tarde terminamos dándonos cuenta que soñar no basta porque querer NO es poder…

Querer y hacer es el verdadero poder
y gran parte de una efectiva actitud positiva está en definir lo que se quiere, planear cómo hacerlo y comenzar a hacer todo lo que se deba hacer temprana y diligentemente.

¿Qué quiero?

La profesión o la actividad laboral que desempeñamos para ganarnos el sustento nos demanda el porcentaje de tiempo más grande de nuestra existencia, mucho más del tiempo que estamos en familia y del que podemos dedicarle a la recreación, entonces resulta obvio que lo adecuado es estudiar y  trabajar en lo que más nos complace.

¿Por qué hay padres que les inculcan a sus hijos que no es posible ganarse la vida haciendo lo que les gusta? Lo cierto es que toda actividad, hasta un hobby profesionalizado juiciosamente, puede derivar el sustento y, claro, el nivel de ingresos depende mucho del talento, de la capacitación, del empeño y desempeño con que cada cual haga lo suyo.     


Aspiraciones con cabeza fría

No puedo ser modelo de revistas si no tengo las características físicas...Pensar seriamente en cómo construir un futuro es muy parecido a pensar en edificar una casa modular de esas que se van construyendo y complementando por etapas a lo largo del tiempo… Todos quisiéramos tener una casa segura, amplia, con buenos acabados, algunos lujos y localizada en el sitio más adecuado, pero  ¿Tenemos los recursos para adquirir el
Sin importar qué tan larga o empinada sea la cuesta, lo importante es comenzar de una vez... terreno más conveniente y para comprar los materiales de la construcción? ¿Tenemos los cocimientos y las herramientas para iniciar la obra?

Un asunto es tener grandes aspiraciones y otra cosa es pensar en fantasías que simplemente son irrealizables por que carecemos de los recursos o del talento que demandan… No puedo ser futbolista si carezco de las condiciones necesarias o no puedo ser modelo de revistas si no tengo las características físicas que esta profesión demanda o no puedo ser pintor o músico sobresaliente si carezco del talento natural…

Apartándonos de los factores naturales, el factor económico es la limitación más frecuente que le impide a la gente estudiar y hacer lo que quiere; no obstante, en la medida en que la vida va pasando y vamos evolucionando hacia metas concretas, los recursos culturales, económicos y sociales de cada individuo pueden ir creciendo de acuerdo a su esfuerzo y disciplina, de tal manera que lo que en principio pudiera verse como la cima de una montaña lejana y casi que inalcanzable, con cada paso que se avance se va haciendo más cercana… Nadie puede comerse una vaca en una sola sentada pero si podemos consumirla a porciones diarias a lo largo de cierto tiempo…

Las aspiraciones viables y concebidas razonablemente son las que, así sea que exijan gran esfuerzo y tiempo, están a nuestro alcance.


Pasar del sueño al hecho

El futuro se construye ladrillo por ladrillo...Cada cual es arquitecto de su destino y, como todo proyecto arquitectónico, el futuro se construye ladrillo por ladrillo y por etapas (metas a corto, mediano y largo plazo).  Para construir futuro se requiere de un diseño inicial que nos permita visualizar, organizar y desarrollar nuestro proyecto con un orden lógico, de tal manera que será más fácil establecer los acuerdos personales (disciplinas) que debemos imponernos para conquistar las metas intermedias que son indispensables para llegar a las metas finales… ¿Cómo entrar a una universidad sin haber concluido los estudios escolares? ¿Cómo comprar vivienda propia sin tener ahorrada la plata de la cuota inicial?

Lo mejor es poner en el papel nuestras ambiciones y desglosar los pasos que se requieren para llegar al objetivo final y, sin importar qué tan larga o empinada sea la cuesta, lo importante es comenzar de una vez sin dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy.

¿Eres inconstante y casi siempre abandonas tus proyectos a medio camino? No importa la edad que tengas, cualquier momento es bueno para empezar a manejar tu vida mediante metas, planeación y acuerdos, lo importante es que ¡comiences ya! Arranca con retos sencillos con los que puedes reeducarte y verás que el éxito logrado en pequeños proyectos incentivan el carácter y fortalecen la fuerza de voluntad de tal manera que cada vez te será más fácil asumir y coronar exitosamente retos más importantes.


Acuerdos personales

Son los compromisos y disciplinas que asumimos voluntariamente ante nosotros mismos para administrar nuestros esfuerzos, tiempo y recursos en función de determinados objetivos; los acuerdos son las “reglas de juego” con que demarcamos congruentemente nuestro comportamiento en todos los escenarios que componen nuestra vida, por lo que es muy importante obligarnos a establecerlos y a cumplirlos con responsabilidad… Por ejemplo:

- Objetivo: Quiero comprar una guitarra.
Acuerdo: Voy a ahorrar $10.000 quincenales para comprarla.

- Objetivo: Quiero bajar de peso.
Acuerdo: Voy a inscribirme en un gimnasio e iré una hora diaria hasta adelgazar los kilos que me sobran.

- Objetivo: Quiero aplicar a las becas que ofrecen en Inglaterra pero necesito mejorar mi inglés.
Acuerdo: Voy a inscribirme en un curso nocturno de inglés.

- Objetivo: Quiero organizar mi vida íntima porque me estoy sintiendo mal con las relaciones que estoy llevando.
Acuerdo: No volveré a buscar aventuras y solamente tendré sexo con una pareja estable.

- Objetivo: Quiero limitar mi parranda a solamente un día a la semana.
Acuerdo: Rechazaré todas las invitaciones que me hagan en días diferentes a los sábados.

- Objetivo: Quiero comprar un apartamento.
Acuerdo: Voy a ahorrar $450.000 mensuales para la cuota inicial.

La congruencia en el comportamiento está en que todo lo que hagamos apunte hacia la misma dirección… Supongamos que un típico Don Juan acuerda consigo mismo ahorrar, ¿Cómo va a hacerlo si sigue en sus andanzas y no se fija en gastos cuando está en sus galanteos?

Los acuerdos deben hacerse y cumplirse por igual tanto en los temas simples como en los más trascendentales, sin embargo puede ocurrir que las circunstancias o nuestros intereses cambien y nos veamos obligados a posponer, replantear o rescindir algún acuerdo que teníamos planteado… Lo importante es que no estemos rompiendo o replanteando nuestros acuerdos frecuentemente o de manera improvisada o por simple comodidad porque esto es una clara señal de indisciplina, inconstancia y pereza, que son de los más nefastos defectos de carácter que pueda tener un individuo.


Atajos y desvíos

Son innumerables los incautos que, creyendo hacer más o más rápido, buscan atajos y pierden el camino… Institutos o métodos de aprendizaje que prometen resultados maravillosos en corto tiempo o con mínimo esfuerzo, negocios maravillosos o inversiones donde nos ofrecen rápidos y altos rendimientos, etc., casi siempre son espejismos que nos roban recursos y hasta pueden desgraciarnos la vida, entonces es vital establecer y seguir rutas por los caminos tradicionales y nunca olvidar que, si alcanzar metas fuera tan fácil, ¡Lo haría todo el mundo!

Gran parte del éxito y de la felicidad está en lo consistentes que seamos con nuestros objetivos pero, en la medida en que ganamos experiencia y evolucionamos, pueden surgir nuevos intereses o presentarse ofertas que podrían desviarnos de nuestras metas originales y eso puede ser tan bueno o tan malo de acuerdo a la vida que cada cual quiere llevar… Por ejemplo: Pensemos en un exitoso chef al que le ofrecen la gerencia de una cadena de restaurantes con un sueldo demasiado tentador; el lío es que ser gerente le implica apartarse de la cocina definitivamente y dedicarse a asuntos administrativos, ¿Este chef podrá ser feliz con ese cambio? Eso solamente lo puede determinar él…

Tal vez los desvíos más frecuentes son los que tomamos por necesidad debido a que hay momentos en que nos vemos obligados a posponer los planes para dedicarnos a otras actividades que nos permitan subsistir o capitalizarnos y no es raro que, lo que se veía como algo temporal, termine agradándonos entonces se hace necesario determinar con claridad si nos quedamos ahí replanteando nuestras metas en función del cambio o si trabajamos decididamente para buscar rutas que nos reencausen en nuestro objetivo original.   

De otra parte, los desvíos más peligrosos son aquellos que se presentan a manera de oportunidades geniales pero que poco o nada tienen que ver con nuestro contexto y que, en caso de tomarlas, nos apartarían casi que definitivamente del estilo de vida que quisiéramos vivir… Antes de lanzarse a un cambio radical es necesario recordar que la actividad laboral o profesional demanda el porcentaje de tiempo más grande de nuestra existencia… Más que el beneficio económico o laboral, lo importante es analizar el estilo y calidad de vida que nos ofrece una supuesta “oportunidad”.

Parte de nuestra tranquilidad y éxito están en lo reflexivos y asertivos que seamos para asumir o rechazar cambios en nuestras metas y es necesario tener en cuenta que, hasta cierto punto, es bueno tener la mente abierta al cambio pero no podemos olvidar que cambiar de metas frecuente y radicalmente es clara seña de inconstancia y que la falta de constancia es la mayor causante de fracasos.


Entorno y relaciones

En algunos ambientes, especialmente en el estudiantil, se le da demasiada importancia a lo social, a la rumba y a otras banalidades, de tal manera que lo más común es que la gente se limite a estudiar o a trabajar lo mínimo y que a duras penas cumplan con las responsabilidades que su contexto les exige.

En el caso de los estudiantes cuyas familias pueden sufragar todos sus gastos, es raro que los jóvenes tomen la decisión de sacrificar parte de su tiempo libre y consigan un trabajo para ganar su propio dinero o que, por el simple hecho de ampliar sus conocimientos, se inscriban en cursos nocturnos, de fin de semana o de vacaciones que complementen su preparación… Pero, si lo hacen, son pocos los que asisten con disciplina y los concluyen debidamente.

Estudiar o trabajar en tiempo libre son esfuerzos meritorios que se dificultan más para quienes mantienen relaciones cercanas con gente que no lo hace debido a que el común de la gente no ve con buenos ojos que sus amistades o parejas les “abandonen” por estar en otras cosas.

Resulta extraño que mucha gente no apoya los esfuerzos extraordinarios que hagan sus amistades o parejas para forjarse un futuro mejor y, si no se oponen abiertamente a los sacrificios que hacen los emprendedores, les bombardean con invitaciones seductoras, con burlas o críticas veladas con que pueden hacerles romper la disciplina y desertar de sus propósitos.    

Es importante la recreación, departir con amistades, tener pareja y ¿porqué no? De vez en cuando también es bueno premiarse con “una canita al aire”, pero ¿En qué punto está el equilibrio?

La clave está en que la rumba y nuestras amistades o relaciones no afecten la disciplina que demanda tu plan de vida y, para estar en armonía, es primordial rodearse de personas que entiendan, compartan y estimulen tus planes y los sacrificios que haces para lograrlos.


Relaciones conflictivas

Es posible que el destino nos sorprenda con algunas circunstancias (enfermedades, accidentes, duelos, etc.) que nos empañen la vida y, en caso de sufrirlas, nos toca aceptarlas limitándonos a manejarlas de la mejor manera posible por que no tenemos dominio sobre estas…

Apartándonos de lo que se sale de nuestro control, lo habitual es vivir en circunstancias o tener relaciones a las que llegamos por propia iniciativa y en las que podemos quedamos o retirarnos por propia decisión.

Se sabe que en todos los escenarios en que participemos podemos tropezar con dificultades lógicas que casi siempre son aisladas y superables o tolerables porque nada ni nadie es perfecto… Sin embargo hay algunas situaciones a las que llegamos atraídos por seductoras expectativas pero inexplicablemente podemos terminar metidos en ambientes que poco a poco comienzan a tornarse más confusos que convenientes y que, a pesar de esforzarnos para mejorarlos y tratar de obtener lo que esperábamos, se van volviendo intolerables.

Ya sea por expectativas laborales, por amor, por conveniencia, por temor al cambio o por miedo a perder algo o a alguien, tenemos la tendencia a esperar a que las personas o las situaciones cambien a favor pero lo cierto es que casi nunca cambian sino que empeoran y lo malo es que el costo que trae toda ruptura se incrementa de acuerdo al tiempo y esfuerzo que le invertimos para evitar el rompimiento, o sea que luchar por mantener o posponer la disolución de una relación personal, emocional o laboral que nos hace daño, es un esfuerzo que va en contra de nosotros mismos y que inexorablemente nos conduce a una perdida mayor.

Una cosa es ser luchador y perseverante para alcanzar o conservar lo que queremos y otra cosa es ser el tonto terco que trata de nadar en un laberinto de arenas movedizas… Lo peligroso de las situaciones conflictivas prolongadas es que el ser humano se acostumbra a todo y, sin darnos cuenta, vamos sacrificando calidad de vida y perdiendo autoestima; pero lo más paradójico es que, entre más nos esforcemos para tolerar o mejorar una situación o relación problemática, resulta más difícil y costoso salirse de ella.

La gente abusadora comienza a ganar terreno lentamente gracias a que, en situaciones laborales, ejercen alguna forma de poder sobre la persona aprovechándose de sus expectativas o necesidades mientras que, en las situaciones pasionales, la gente abusadora tiene atractivas virtudes y las utilizan para deslumbrar y enredar a sus enamorados (as) de tal manera que logran manipular sus sentimientos… Y ni hablar de lo manipulables que somos cuando hay hijos de por medio... Tanto en lo laboral como en lo pasional, las víctimas van perdiendo autoestima al punto que terminan tolerando y hasta acostumbrándose a los abusos.

Ya sea en situaciones personales o profesionales, debemos establecer límites muy claros y comprometernos con nosotros mismos a hacerlos respetar; a nadie le hacen nada que no permita que le hagan y, si desde un principio asumimos posiciones radicales contra los abusos, evitaremos caer en situaciones o relaciones conflictivas que nos atormenten.

¿Sientes que tú pareja o que en tu trabajo abusan de ti pero por amor o por conveniencia o por necesidad dudas en salir de ahí? Cuando hay duda ¡No hay duda! No esperes a llenarte de razones, rompe de una vez con todo lo que te hace daño…


Derechos adquiridos

Hospedar en casa a familiares o amigos, recoger a alguien y llevarlo a su destino porque nos queda en la ruta, prestarle al vecino una tacita de azúcar, darle al vigilante pan y café todas las noches, prestarle nuestro vehículo u otros elementos a la pareja, a los amigos o a familiares, son solo muestras de los muchos favores grandes y pequeños que se suelen hacer, pero que hacerlos con alguna frecuencia se convierten en costumbre y pueden volverse obligación porque la gente se hiere o se molesta si no lo hacemos nuevamente.

Tal ves lo más paradójico del asunto es que muchas veces somos nosotros mismos los que ofrecemos un favor sin que nos lo pidan e inocentemente podemos estar dando lugar a ganarnos un problema. Puede ser absurdo que hacer favores o ayudarle a alguien que se aprecia nos pueda traer disgustos pero es algo que efectivamente ocurre: Cuando se repite un mismo favor a una misma persona termina dejando de ser favor y se convierte en un “Derecho adquirido” que después es muy difícil de quitar o negar sin correr el riesgo de afectar la relación.

Así parezca ilógico, los derechos adquiridos son tan obvios en la psiquis del ser humano que hay países con leyes que los contemplan y los avalan especialmente en temas laborales, conyugales y de familia, con lo que queda demostrado que debemos ser muy cautos en el manejo de la generosidad evitando convertir en costumbre todo favor o buena intención.

Pero el tema de los derechos adquiridos no se limita al hecho de regalar, prestar, ceder o compartir bienes materiales sino que también suele presentarse en el terreno personal y emocional donde se afectan tus costumbres y tu intimidad… Permitir que se institucionalicen comportamientos como, por ejemplo:
Que tu pareja comience a irse de parranda por su cuenta determinado día de la semana,  que alguien comience a llegar a tu casa justo a la hora de la cena sin avisar o sin que le invites, que al salir de la universidad o de tu trabajo alguno de tus compañeros “se te peguen” para que le des el aventón, ayudarle al amigo a hacer sus trabajos de la universidad, que sin consultarte tu pareja comience a incluir a familiares o amistades en planes donde tú esperabas que estuvieran solos, almorzar los domingos con los suegros… Hay actividades o sucesos que de vez en cuando pueden ser normales y hasta gratificantes pero que, al convertirse en rutina, se van convirtiendo en una molestia y, peor aún, cuando se convierten en derechos adquiridos.

Para evitar que favores y algunos comportamientos se conviertan en derechos adquiridos hay que evitar que se vuelvan frecuentes y, más por prevención que por molestia, debemos aprender a decir “NO” sin dar explicaciones... Recuerda el dicho: “Más vale una vez colorado que mil descoloridos”.


Cualquier relación amorosa puede evolucionar hasta convertirse en una posibilidad conyugal...Socios de vida

Antes de sentar cabeza, los jóvenes y algunos adultos solteros o separados suelen andar emparejados más por tener con quién compartir y divertirse que por pensar en formar un hogar...

Pero cualquier relación amorosa puede evolucionar hasta convertirse en una posibilidad conyugal (unión libre o matrimonio) entonces, antes de envolverte en una relación más trascendental, no solo debes valorar las afinidades emocionales y pasionales que te brinda una pareja sino que también debes observar lo objetiva, constante y disciplinada que sea la persona para concebir y trabajar por sus metas.

La manera como las personas manejan sus propósitos en el día a día son claro reflejo de su actitud ante la vida, ¿Qué tan frecuente es que tu pareja tenga planes para los fines de semana y termine haciendo actividades diferentes?  ¿Qué tan frecuente es que vaya a comprar algo y resulte comprando otras o más cosas? ¿Qué tan frecuente es que planee visitar a alguien y no lo haga o se retrase por desviarse en actividades que no tenía contempladas? ¿Qué tan frecuente es que diga que quiere ahorrar pero no hace nada por hacerlo? ¿Qué tan frecuente es que hable de sus proyectos pero no hace más que posponerlos? ¿Qué tan frecuente es que se inscriba en grupos, actividades o cursos de los que termina desertando?

Hay que huirle a la gente inestable que no planea el día a día o que se desvía de sus planes más elementales… Las personas que no pueden mantener en la mira pequeños objetivos, difícilmente pueden enfocarse en grandes proyectos.

La gente que no planea o que se desvía fácilmente, son personas a las que se les queda todo en sueños y, en vez de ser los socios o compañeros de lucha que ayudan a progresar, casi siempre se convierten en un lastre para sus parejas.

Tal vez lo más difícil de afrontar es que, con el pasar de los años, la pareja cambie ¿o que deje ver el cobre? Y se vuelva pésima administradora, que desarrolle una adicción o que por cualquier razón termine convirtiéndose en una amenaza para la estabilidad económica y emocional del hogar… ¿Quién puede ser feliz haciendo parte de una relación donde se ha perdido la confianza?

La vida solo es una y cada cual es responsable de su felicidad, por lo tanto no sobra tener presente en todo momento la sabia oración de T. Morton que dice así:

"Dios concédeme la serenidad
para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar aquellas que sí puedo
y sabiduría para reconocer la diferencia..."


Amor con acuerdos

Recordemos que los acuerdos son los compromisos y disciplinas que asumimos voluntariamente para administrar nuestros esfuerzos, tiempo y recursos en función de determinados objetivos…   

Desde el inicio de todo noviazgo cabe observar si estamos involucrándonos con alguien que hace y cumple acuerdos, condición necesaria para que una pareja pueda integrarse como equipo que trabaja armoniosamente en pro de metas comunes e individuales.

Todo noviazgo trae cambios en la vida de ambos enamorados y, en la medida en que una relación perdura, la influencia que ejerce el uno sobre la vida del otro adquiere mayor trascendencia hasta convertirse en una co-dependencia donde las buenas y malas actuaciones que tenga cada uno podrán cambiar el destino de ambos, razón por la cual es muy importante que sostengamos relaciones únicamente con personas con las que se compartan perspectivas similares y con las que podamos establecer acuerdos que se cumplan.

Al igual que en los acuerdos personales, los acuerdos de pareja deben hacerse y cumplirse por igual tanto en los temas simples como en los más importantes, sin embargo puede ocurrir que las circunstancias o los intereses de la pareja cambien y se vean obligados a posponer, replantear o rescindir algún acuerdo que tenían planteado, pero lo importante es que no se rompan acuerdos unilateralmente sino que la pareja en consenso acuerde replantearlos o terminarlos.

Por más amor y compatibilidad que exista entre una pareja, es inevitable que surjan diferencias por lo que se hace más importante establecer acuerdos que pueden verse como “reglas de juego” donde se respeten los intereses y las necesidades individuales, asunto que en determinadas circunstancias puede demandar cierto nivel de sacrificio de una o otra parte donde, según el caso, uno u otro puede allanar diferencias dándole gusto a su media naranja; sin embargo cabe aclarar que no está bien que siempre o que casi siempre sea el mismo el que ceda ni es bueno que hacer acuerdos se convierta en una constante negociación condicionada: “te acepto esto si tú aceptas aquello…”

Si con relativa frecuencia no se pueden establecer acuerdos fácilmente o hacerlos casi siempre representa que uno u otro se vea obligado a ceder sin convicción o por presión, cabe preguntarse si en esa relación hay suficiente compatibilidad y si vale la pena continuarla.

Para que un noviazgo evolucione felizmente en un marco de mutua confianza hasta convertirse en una relación sólida, es necesario que ambos cumplan con los acuerdos porque si, eventual o frecuentemente, uno de los dos no los cumple, ¿Cómo pensar que el día de mañana esa persona va a cumplir con acuerdos más importantes? ¿Qué confianza o qué tranquilidad puede producir la convivencia con una persona que no cumple con las responsabilidades que voluntariamente asume?

La ruptura de acuerdos dentro de una relación denota egoísmo e insita a que el otro también los rompa entonces la pareja va quedando a la deriva y no puede o se le dificulta alcanzar sus objetivos.


Novios pero… ¡Se les coló un bebé!

A cualquier persona soltera le puede ocurrir que resulte sorprendida con un embarazo no planeado y la peor decisión que se puede tomar es la de lanzarse precipitadamente a un matrimonio o a una unión libre.

La mayoría de parejas se casan muy enamoradas y con absoluta convicción, sin embargo a muchas se les termina la luna de miel antes de tener hijos y a casi todas se les acaba al llegar su primer bebé porque un hijo trae demasiados cambios, responsabilidades y presiones sobre la pareja.

Acoplarse exitosamente a la convivencia marital no es fácil y se requiere de mucha madurez para que la relación se solidifique felizmente, entonces, los que antes de enfrentarse a un embarazo accidental no pensaban seriamente en formar un hogar,  ¿Cómo pueden creer que repentinamente están listos para enfrentar una vida conyugal y la crianza de un hijo simultáneamente?

La noticia de un embarazo entre solteros en principio es catastrófica pero, una vez que se supera la sorpresa, la llegada de un bebé deja de verse como un problema y pasa a ser la más hermosa y gratificante de las responsabilidades…

Un matrimonio precipitado y suscitado por embarazo termina convirtiéndose en un problema de grandes proporciones; lo adecuado es que el padre y la madre solteros sigan así y asuman su responsabilidad sin agregarle más traumatismos a sus vidas… Lo más sano para los tres es esperar un tiempo para ver si la relación se fortalece de tal manera que puedan planear convenientemente la formación de su nuevo hogar.   


Más vale prevenir que lamentar

Nadie se une a otra persona pensando en una separación y todos quisiéramos lograr una relación feliz para toda la vida… Pero no siempre las cosas resultan así y, adicional a los traumatismos emocionales que trae un rompimiento, surge la pesadilla de la separación de bienes…    

Sin importar que al momento de iniciar una convivencia las parejas no celebren un matrimonio civil o religioso, el hecho de vivir bajo el mismo techo con la misma persona durante cierto tiempo (dos años en Colombia), convierte a la pareja en compañeros permanentes o sociedad conyugal donde adquieren los mismos derechos y obligaciones legales de un matrimonio civil o religioso y, si la pareja no hizo un acuerdo prenupcial debidamente redactado y legalizado donde se estipulen los bienes que cada uno tenía antes de iniciar la vida conyugal, pues el que menos tenía al momento de juntarse puede ampararse en la ley y, al separarse, arrebatarle la mitad del patrimonio que traía el otro.

Los escenarios y las personas cambiamos con el tiempo y nadie sabe los giros que puedan presentarse en una relación, entonces ¿Porqué confiarse y exponerse a perder la mitad del patrimonio que tanto esfuerzo ha costado conseguir?

Antes de embarcarse en cualquier estilo de relación conyugal es necesarísimo que la pareja dialogue sobre este tema, que de común acuerdo consulten a un abogado de familia y hagan formalmente un acuerdo prenupcial con todas las de la ley… ¿Y si él o ella se hiere o se molesta con esta petición? ¡Con mayor razón se debe hacer!    


Manejo del dinero

Hasta hace unos años los colombianos teníamos muy claro que el ahorro es la base del progreso, pero los bajos rendimientos que ofrecen los bancos, los costos con que algunas entidades bancarias castigan a las cuentas de ahorro y el impuesto del 4 X 1.000, fueron factores que desestimularon el ahorro en Colombia y le abrieron más puertas a la cultura del crédito.

El consumismo y la cultura del crédito se han enquistado en nuestra sociedad de tal manera que cada día se piensa menos en ahorrar porque el ahorro significa sacrificios y los beneficios se ven en el largo plazo, mientras que el crédito es una manera demasiado fácil de adquirir y disfrutar inmediatamente lo que se quiera.

Los esclavos del siglo XXI

Ante la facilidad y la dicha de tener “ya” lo que se quiere, la gente no le presta casi atención a lo que cuesta comprar a crédito… Sin embargo hay que examinar los extractos de las tarjetas de crédito de una persona que las usa regularmente para darnos cuenta del desangre que éstas le producen al bolsillo del usuario. De igual forma, en otros sistemas de crédito, hay que sumar todas las cuotas que se pagan mensualmente por un vehículo, muebles, enceres, artículos de tecnología o viajes que se compran a plazos para ver el sobre-costo que esto representa… ¡Es aterrador!

En la medida en que se acude al crédito para suplir necesidades o darse algunos gustos, mayor es el porcentaje del ingreso que hay que destinar para cumplir con los pagos de las deudas, o sea que se va perdiendo poder adquisitivo y se va haciendo más necesario acudir al crédito para vivir, de tal manera que los consumidores se van convirtiendo en esclavos de las entidades financieras porque terminan trabajando para ellas.

Creo que las tarjetas de crédito son el mayor peligro para el típico consumidor: Las cuotas de manejo y los seguros que los tarjeta-habientes estamos obligados a pagar, sumados a los intereses que genera cada compra, ya son suficiente motivo de preocupación… Sin embargo lo más grave está en la cantidad de regalos, servicios y artículos suntuarios que se compran, muchos de los cuales que no se comprarían de no ser por la tentación y facilidades que brinda esta modalidad de crédito…
Al ir de compras con tarjetas se cae en la tentación de comprar más de lo planeado...
Si llega el día de la madre, del padre, algún cumpleaños o la navidad y no hay plata para regalos, pues lo lógico sería dar un simple detalle acompañado de un fuerte abrazo, pero la mayoría de la gente no lo ve así y, a pesar de que todas estas fechas son netamente comerciales, mucha gente compra obsequios a crédito sin tener en cuenta que están gastando un dinero que no se han ganado y que no saben si ganarán... ¿Quién tiene garantizado su empleo?

Al ir de compras con tarjetas se cae en la tentación de comprar más de lo planeado y artículos de marcas más costosas porque los usuarios de tarjetas suelen calcular la suma diferida que pagarán mensualmente por cada compra y les parece una erogación muy cómoda… Pero no suman cada nueva compra con lo que han comprado antes y los intereses de todo.

En el manejo de imprevistos, por ejemplo: si el auto, el equipo de sonido o el televisor se descomponen y no hay plata para arreglarlos o reponerlos, la gente asume estas situaciones como emergencias y, en vez de sacrificarse durante un tiempo y guardar el carro hasta ahorrar la plata del arreglo o no escuchar música o no ver TV hasta tener el dinero para reponer los aparatos, prefieren endeudarse pagando con tarjetas y así solucionar rápidamente cualquier entuerto...

Sin darse cuenta los incautos entran en un círculo vicioso porque, para cubrir los pagos de las tarjetas, se ven obligados a echarle mano al dinero que normalmente estaba destinado a sufragar su subsistencia…Pero al descompletar la plata del mercado para pagar las cuotas de las tarjetas, después se ven obligados a mercar pagando con estas, de tal manera que los intereses y nuevas compras van ampliando el déficit y se va haciendo más necesario y frecuente el uso de las tarjetas para cubrir las necesidades básicas, al punto que no es raro encontrar gente que hace avances en una tarjeta para pagar la otra, hasta que la situación se termina saliendo de control…

Ah, ¿Y qué decir de los parranderos? Creo que no vale la pena mencionar las bestialidades que hacen los rumberos con sus tarjetas de crédito…  

Si lo usual es que el pago mínimo mensual que te exigen tus tarjetas de crédito supera el 10% de tus ingresos mensuales, puede significar que estás abusando de ellas y sería conveniente que vigiles o reconsideres el uso de estas.

Es bueno destacar que las personas que compran todo de contado planean y hacen presupuestos muy juiciosos, de tal manera que solamente compran lo que realmente necesitan y lo que su poder adquisitivo les permite… Al no cargar encima las tarjetas evitamos caer en tentaciones de comprar más de lo planeado o artículos más costosos porque uno tiene que ceñirse a la plata que lleva en el bolsillo y, mejor aún, es que algunos establecimientos otorgan descuentos por pago en efectivo.

No se puede desconocer que la vida moderna gira en torno al dinero plástico y que actualmente es imprescindible poseer tarjetas de crédito por muchas razones, sin embargo la gente puede tenerlas sin hacer uso de ellas y solamente sacarlas en situaciones de autentica urgencia.


Comenzar a vivir con la filosofía del ahorro

Ahorro: La más sabia alternativa para lograr todo lo que se quiera...Opuesto al crédito, el ahorro es la más sabia y sana alternativa con la que verdaderamente se puede lograr todo lo que se quiera, sin embargo son pocas las personas que al momento de planear su presupuesto de gastos mensuales incluyen en sus cuentas una partida para ahorro o, si la incluyen, pocos son los que cumplen con este propósito.

No funciona que la meta sea ahorrar los excedentes porque a casi nadie le sobra plata a fin de mes… Lo asertivo es acordar con nosotros mismos o con nuestra pareja un ahorro de, mínimo, el 10% de todos los ingresos, incluso de las entradas extraordinarias como primas, bonos, bonificaciones, etc., y considerar este ahorro como una responsabilidad tan inexorable como lo es el pago de los servicios públicos, la hipoteca o el arriendo.

Si se tienen deudas es mejor que, antes de comenzar a ahorrar, hacer pagos extraordinarios y saldar las deudas a la mayor brevedad posible para así ahorrar el dinero de los intereses y, claro, ¡No usar más las dichosas tarjetas de crédito!

Cuando los gastos  de servicios públicos y arriendo son muy altos y no dan lugar a ahorro, lo adecuado es mudarse a un sitio más modesto… ¿Porqué ser esclavos del status? Lo importante es ahorrar y al hacerlo es necesario tener en cuenta que el negocio de ahorrar no está en los bajos intereses que pagan los bancos a los ahorradores… El negocio debe verse en el simple hecho de ahorrar.

De otra parte: Tener vivienda propia no es riqueza pero no tenerla si es pobreza… Sin embargo el común de la gente, especialmente los jóvenes, tienen grandes aspiraciones y pueden concluir que comprar un techo propio como lo quisieran es una meta demasiado lejana pero, ¿Por qué no comenzar comprando algo muy modesto que sirva de base para capitalizar e ir mejorando? Pagar arriendo es un gasto mientras que pagar la hipoteca de una vivienda propia es una inversión.

Para ahorrar exitosamente es importante tener en cuenta que no hay nada más vulnerable que un ahorro sin metas o sin un destino predeterminado porque siempre surgirá una buena justificación para gastar lo ahorrado en tonterías de tal manera que, sin objetivos definidos, nunca se verá el resultado del esfuerzo y se pierde el incentivo de seguir ahorrando.



Épocas de bonanza


Soy un convencido de que cada ser humano tiene, al menos una vez en su vida, ese “cuarto de hora” tan soñado o su época de “vacas gordas”, entonces tenemos que ser muy cautos para no perder el rumbo porque está demostrado que la mayoría de personas que son beneficiadas con una bonanza pero que no la administran adecuadamente, pueden terminar más perjudicados que beneficiados…

Tengo bastantes conocidos que vivían modestamente bien y repentinamente ascendieron en sus trabajos o negocios logrando ingresos estupendos entonces casi todos se mudaron a barrios de mayor estrato e hicieron otras cosas con las que, digamos, ascendieron de status socio-económico; pero el nuevo status les significó enfrentar gastos que igualaron los mayores ingresos y perdieron calidad de vida porque no pudieron volver a darse muchos de los gustos que se daban antes. Lo más absurdo fue que, algunos de ellos, comenzaron a llevar un ritmo de vida que superó sus mayores ingresos y, para sostener ese tren de gastos, comenzaron a endeudarse.

No podemos olvidar que después de las “vacas gordas” es posible que nos lleguen épocas de “vacas flacas” y, si en la bonanza no se hacen las máximas provisiones, no habrá manera de solventar las malas situaciones que tarde o temprano se suelen presentar... Es casi lógico que después de tres, cinco o diez años de estar ganando bien uno sienta que todo va a seguir igual, pero lo cierto es que la economía del mundo, de las naciones y de las empresas cambia constantemente, entonces ¿Porqué pensar que el panorama económico personal es el único inmune a los cambios negativos? ¿Porqué pensar que tenemos asegurados nuestros empleos o nuestro nivel de ingresos?

Es más fácil administrar correctamente una época de escasez
que manejar épocas de bonanza porque la abundancia suele conducir a ciertos excesos en los gastos que después son muy difíciles de desmontar… Contraer hipotecas para vivir en sitios de mayor estrato, adquirir carros finos, casas campestres de recreo, suscripciones, acciones en clubes sociales, son solo parte de las cosas en que la gente suele gastar cuando le va bien pero no caen en cuenta que no solo pagan un elevado costo al momento de adquirirlas sino que después representan elevados costos de mantenimiento y que, al momento de una crisis, algunas de esas cosas o servicios no se pueden suspender rápidamente y hay propiedades que no se pueden vender ni negociar fácilmente a menos que se ofrezcan por un menor valor del que costaron.

Cuando se tiene una época de abundancia es lógico pensar en mejorar la calidad de vida y darse algunos gustos pero lo importante es que también se piense en invertir sin que se llegue a confundir “inversión” con “gasto” puesto que invertir es comprar algo que después se pueda vender fácilmente y recuperar al menos lo mismo que nos costó.

No podemos olvidar que la verdadera calidad de vida está en vivir tranquilos y gran parte de la tranquilidad está en poder pagar las cuentas holgadamente y en tener reservas que permitan solventar imprevistos.  


Herencias y loterías


Tengo algunos amigos que recibieron herencias importantes pero las perdieron en malos negocios y dándose la gran vida; lo peor fue que al quedar en bancarrota perdieron parte o todo el patrimonio que tenían antes de recibir esos dineros extras… También tuve el privilegio de conocer a tres personas que se ganaron millonarias loterías pero años después dos de ellos quedaron en la calle...

¿Por qué suele pasar eso?

Mi teoría al respecto es muy simple:

Todos tenemos un desarrollo paulatino y, en la medida en que crecemos laboral y profesionalmente, nuestros ingresos aumentan gradualmente dándonos espacio y tiempo para aprender a administrar las mayores entradas que vamos logrando a lo largo de la vida; pero si ese proceso natural se altera súbitamente con un ingreso de grandes proporciones quedamos fuera del contexto que traíamos y nos ubica en una posición personal y financiera que no estamos preparados para manejar.... caer en el error de IMPROVISAR nuevas perspectivas...

Cuando personas organizadas y juiciosas reciben una brusca entrada de mucho dinero, les cambia la visión de su existencia porque todas o gran parte de las metas e ilusiones económicas que veían lejanas y que eran el motor de sus vidas, de un momento a otro quedan al alcance de sus manos, de tal manera que la falta de motivaciones los hace susceptibles a caer en el error de improvisar nuevas perspectivas que les llevan a terrenos desconocidos y financieramente peligrosos.

De otra parte, no sé si se pueda definir como un fenómeno psicológico el hecho que la gente que se gana una lotería o una herencia tiene la tendencia de invertir la plata en negocios ¿Será que uno necesita demostrarse a si mismo y a los demás que puede ganarse la plata por su propio esfuerzo e ingenio?  Lo malo es que estos negocios casi siempre fracasan… Entonces cabe preguntarse: ¿Para qué arriesgar ese dinero y su tranquilidad si pueden poner a rentar el capital en las múltiples opciones que ofrece el sistema financiero y disfrutar apaciblemente de una utilidad segura sin hacer cambios dramáticos en sus vidas?

El dinero que se gana trabajando duele gastarlo en trivialidades mientras que la plata que se gana sin esfuerzo, siendo enorme la que llega, queda expuesta a muchos caprichos que no tienen razón de ser y, si se tiene en cuenta que lo material es el icono que más se asocia con el éxito, no es de extrañarse que la mayoría de la gente, al llegarles repentinamente un capital enorme, pueden caer en la tentación de comprar propiedades, bienes y servicios no solo por el hecho de necesitarlos y disfrutarlos sino que lo hagan por una necesidad conciente o inconsciente de sentirse exitosos y por demostrarle a su entorno que lo son.

Al ganarse una enorme lotería lo justo sería mejorar racionalmente la calidad de vida, asunto diferente a dejarse atraer por lujos ostentosos e inoficiosos; automóviles, propiedades, artículos o servicios pomposos no solo tienen precios estrambóticos sino que usualmente representan elevados costos de mantenimiento que desgastan rápidamente el capital y, a pesar de haberse ganado una suma de dinero enorme, lo cierto es que: “Cuando se saca y no se hecha, se acaba la cosecha”.

Puede ser lógico que una persona que siempre ha sido empleada piense en independizarse y sueñe con montar su propio negocio pero ¿Tiene la experiencia y los conocimientos para hacerlo exitosamente?


Lo peligroso de este tema es que muchos de los que se ganan una lotería o una herencia y que deciden invertir o crear algún negocio personal, casi siempre se lanzan a proyectos de grandes proporciones olvidando que un golpe de suerte o los buenos asares de la vida no son seña de que se tengan más capacidades administrativas y profesionales de las que tenía antes de la llegada de esa plata, entonces se hace necesario que, al llegarnos una fortuna inesperada, no solo seamos moderados y cautos sino que también humildes.

Pasando al otro caso extremo, el de la gente loca que al llegarles repentinamente un montón de plata renuncian a sus trabajos y comienzan a gastar extravagantemente; no solo hacen fiestas costosísimas y regalos desmedidos sino que también se convierten en los benefactores de amigos y familiares pobres y están abiertos a invertir dinero en cuanto negocio incongruente les propongan…

¿Por qué hay gente así?

Me atrevo a suponer que son personas con baja autoestima y con problemas de actitud que, para sentirse bien y para despertar la admiración y el respeto de los demás, no tienen más opción que escudarse tras una cortina de ostentaciones y generosidades… Pero obviamente son los que más rápidamente quedan en la calle.


¿Qué harías si te ganaras una lotería?

Esa es una pregunta que muchas veces nos hacemos entre amigos pero que nadie responde a conciencia por lo poco factible que es ganársela; no obstante valdría la pena que, a manera de ejercicio, imagináramos seriamente lo que haríamos si nos la ganáramos porque, apartándonos de lo que se quisiera invertir en cubrir necesidades, en calidad de vida y en algunos lujos hasta cierto punto lógicos, lo importante es ver qué tanto quisiéramos cambiar nuestro rol familiar, laboral y profesional…

Si el resultado de este ejercicio es que haríamos un montón de cosas que le darían un vuelco radical a nuestra vida, podría significar que tenemos una existencia que no nos complace y que estamos mal encaminados, entonces lo importante es preguntarse: ¿Por qué no soy feliz con la vida que tengo? ¿En qué estoy fallando?

Si bien es cierto que la falta de dinero nos puede conducir a situaciones indeseables, también es cierto que los aprietos económicos y las malas situaciones casi siempre son causadas por no tener una actitud adecuada ante la vida, entonces cualquier momento es bueno para hacernos un examen de conciencia que nos permita identificar y reconocer nuestros errores y comenzar a dirigir la vida asumiendo responsablemente todas las disciplinas que necesitamos exigirnos para lograr nuestros objetivos.

Recordemos que hay estudios estadísticos que advierten que es más fácil que a alguien le pegue un rayo que ganarse la lotería entonces es absurdo esperar a que un golpe de suerte nos cambie la vida positivamente porque es poco probable que eso ocurra y, así ocurriera, no podemos olvidar que el éxito y la felicidad no están en el dinero que se tenga sino en lo bien que nos sintamos con nuestra existencia y frente a nosotros mismos.