DIEGO...
Escrito por Diego Förster

Diego Förster 2012Uno de tantos atrapa-luces…

Fui uno de los primeros fotógrafos colombianos en tener página web (
www.estudiocreativo.com ) y mi primera preocupación fue que el diseñador de la página se equivocó al escribir mi apellido y colocó en todas partes Diego Foster en vez de Förster y nunca se le dio la gana de corregirlo; la molestia que este error me ocasionaba era que “Förster” en alemán traduce “Guardabosques” mientras que “Foster” no traduce nada.

Mi segunda preocupación fue porque, viendo las cada vez más numerosas páginas de fotógrafos colombianos, notaba que publicaban extensas biografías, llenas de diplomas y con listados interminables de clientes muy importantes, entonces me asaltaba una pregunta angustiosa: ¡Aich dios! ¿Qué pongo yo de biografía?

El asunto de la biografía quedó en veremos durante muchos años puesto que sentía que no tenía nada importante que citar porque ¿Para qué decir que no estudié mi profesión en una universidad sino que me hice fotógrafo a puro pulso? O, ¡peor! No me atrevería a decir que antes de convertirme en fotógrafo fui uno de esos estudiantes incorregibles que paseó por una docena de colegios… Nada de eso era lo que publicaban otros fotógrafos en sus páginas…

A nadie podría impresionar con mi realidad, entonces para qué contar que mi sueño de juventud era ser pintor de desnudos y que alcancé a estudiar pintura durante algún tiempo hasta que tuve la fortuna de dar con un maestro honesto que me dijo que la figura humana y el desnudo eran géneros muy exigentes y que yo no tenía el talento natural necesario para destacarme como pintor y ganarme la vida pintando

Desnudo de 1981Mi encuentro con la fotografía fue accidental puesto que me topé con ella gracias a esa típica curiosidad que despertaba la magia del cuarto oscuro… Mis primeras clases de fotografía las recibí teniendo 16 años en una sauna convertida en laboratorio de blanco y negro y mis profesores fueron mis hermanos Carlos y Allan, unos pichones de arquitectos geniales pero desconocidos en el mundo de la fotografía a quienes les debo que mi sueño se hiciera realidad: ¡Me ayudaron a descubrir que yo podía pintar con luz!
Desnudo realizado en 1983
Comencé a hacer pruebas retratando las fotos de revistas como Playboy, así obtenía reproducciones que sometía a diferentes técnicas de revelado (muchas inventadas por mí), hasta que logré que las fotos parecieran pinturas o carboncillos, entonces me lancé a buscar modelos que me ayuran a hacer mis primeras fotografías de desnudo, asunto que fue difícil no solo por la moral de esa época sino por la edad que yo tenía.

Mi hermano Carlos se tomó muy en serio el hobby y comenzó a incursionar como fotógrafo profesional, entonces me propuso que hiciéramos equipo: él haría tomas publicitarias y yo el laboratorio… Pero yo no sabía revelar en color entonces me matriculé en un extenso curso privado con el maestro Carlos Salamanca (q.e.p.d.), un sabio octogenario, indiscutible pionero del desnudo en Colombia y primer fotógrafo colombiano que trabajó el Cibachrome (Bastante antes que Roberto Pacheco de Asa Fototaller). Pero mi maestro era un genio algo excéntrico y absurdamente circunspecto que toda su vida trabajó en el anonimato puesto que detestaba figurar entonces, al pensar en hacer mi biografía, ¿De qué me servía decir que yo fui su discípulo? ¡Casi nadie supo de la vida y obra de Don Carlos Salamanca!


Auto-retrato Diego Forster 1982Y en cuanto a clientes: ¿Quién me iba a creer que en tres ocasiones tuve el honor de prestarle servicios de laboratorio al maestro Hernán Díaz? De otra parte: ¿De qué me serviría decir que durante años fui el fotógrafo de la extinta Pizza Nostra y que con mis fotografías se hicieron varias cartas de menú y que gran parte de las ampliaciones en blanco y negro que decoraban los locales eran mías?

Y peor aún: ¿Cómo explicar que durante años mi principal actividad fue hacer fotografía de desnudo y arte erótico y que parte de mi obra estuvo o está colgada en lugares a donde supuestamente no entran las personas decorosas?  ¿Cómo explicar que la otra gran parte de mi obra reposa escondida en los closets o cajones secretos de damas anónimas y de algunas niñas de la farándula, todas absolutamente decentes, que simplemente quisieron regalarle a sus novios o maridos unas fotos de desnudo artístico? Es que por esas épocas, ¡Ni hablar de desnudos!

Tal vez por falta de madurez y por esa absurda costumbre que tenemos los seres humanos de medir el éxito comparándonos con otras personas, yo le daba más importancia a los títulos universitarios que ostentaban los demás y no le estaba dando el justo valor a lo que había hecho y a lo que estaba haciendo: Mi hermano me había me vendido su parte del negocio por lo que me vi obligado a hacerme cargo de los trabajos de toma fotográfica.
Modelo y actriz Amada Rosa Perez

La experiencia que tenía en desnudo me sirvió muchísimo para incursionar en el negocio de los estudios personales, actividad que me dio la posibilidad de entrar como fotógrafo a la agencia y escuela de modelaje “Portada Casa de Modelos”. Posteriormente me contrató la agencia “Class Models” y después trabajé con la agencia de Martha Lucía Pereira “Model & Talent”. Tanto trabajo me llevó a tomar la decisión de cerrar el laboratorio de fotografía para montar mi propia agencia de casting y estudio fotográfico “Förster Studio & Casting”, entonces me dediqué a la realización de casting, a la fotografía de book de modelaje y actuación, estudios fotográficos, retrato, fotografía para catálogos (principalmente de ropa interior y vestidos de baño) y fotografía publicitaria en general, todos estos servicios en los que me especialicé y a los cuales me dedico en la actualidad... Y ¡Claro! Nunca he dejado de hacer fotografía de desnudo y arte erótico.

Gracias a la experiencia adquirida a largo de los años, en 1998 comencé a dictar cursos de fotografía y me fui apasionando tanto con la docencia que poco a poco comencé a dejar a un lado el casting (un negocio demasiado estresante) para dedicarle más tiempo a mi escuela y a tomar fotografías, actividades que me han brindado muchísimas satisfacciones tanto personales como profesionales. Continúo haciendo casting pero únicamente para mis clientes de fotografía.

Hace mucho tiempo dejé de preocuparme por el asunto de mi biografía puesto que, con gran satisfacción, he podido comprobar que mi experiencia y mis imágenes valen más que un diploma colgado en la pared y mil palabras rimbombantes.

Pero, ¡Claro! Me hubiera encantado estudiar fotografía en una buena universidad, ojalá en el exterior, porque sé que me hubiera ahorrado muchas de las penurias que nos toca sufrir a los empíricos.
¡Ahh! Hubiera sido genial vivir algo parecido a esas anécdotas que contaba el maestro Hernán Días y otros artistas sobre sus andanzas estudiantiles por Europa; me hubiera fascinado estudiar en Alemania, en Estados Unidos o en cualquier lugar del planeta, no por lo bien que eso se viera en mi hoja de vida sino por la vivencia pura.

Auto-retrato Diego Forster 1997
Pero la verdad es que soy “modelo 61” y en mi época no había en Colombia donde estudiar fotografía y tampoco era tan común que los padres enviaran a sus hijos a estudiar al exterior porque la fotografía no se consideraba como una alternativa seria, entonces son muy pocos mis colegas contemporáneos que hayan podido estudiar fotografía en una universidad porque a casi todos nos tocó aprender de manera empírica y a punto de carísimos cursos privados que dictaban algunas de las “vacas sagradas” de la época…

Sin embargo es inevitable preguntarme: ¿Qué sería de mi vida si me hubiera ido a estudiar al exterior?
Diego Forster retratado por sus alumnos en el 2007
La verdad es que, si pudiera retroceder en el tiempo, creo que me daría miedo cambiar la forma en que hice mi carrera puesto que, ¿Cómo despreciar esas vivencias, mi gente, mis anécdotas, mis innumerables clientes que han creído en mi y tantas experiencias tan hermosas que me ha dado la manera en que construí mi profesión?

Cualquier camino que se elija trae sus sacrificios y sus dichas y de nada sirve mortificarse por aquello que se pudo o no se pudo hacer en el pasado porque lo cierto es que todo eso y mucho más se puede hacer en el presente
y de forma más madura… Lo que importa es querer... ¡Y hacer!

A mediados del 2011 me encontraba a punto de cumplir los 50 ¡Uff! ¡Medio siglo! Y me angustiaba que la vida pasara tan rápido, sin embargo hoy me reconforta comprender que el costo más alto de cualquier aprendizaje está en los años acumulados en el calendario…
Es que el tiempo es el mejor maestro... ¡Lástima que sea un maestro que termina matando a todos sus alumnos! (ja ja ja ja...).

No creo que exista una mejor edad para vivir o hacer algo, porque pienso que la mejor edad para realizar cualquier proyecto es la que se tiene justo en el momento en que se decide hacerlo, entonces seguiré haciendo lo que amo y lo que me corresponde porque, sin importar la edad ni lo mucho o poco que sé ni lo que aprenda, siempre seguiré siendo Diego, uno de tantos atrapa-luces que circula por aquí y que continuará feliz pintando con fotones hasta que el destino se lo permita.